Violencia-Maltrato Infantil.

Violencia infantil.
A pesar de iniciar el nuevo milenio con grandes avances en la ciencia y en la tecnología, los seres humanos, como sociedad, no hemos podido resolver muchos de los grandes y graves problemas que nos aquejan, como por ejemplo la pobreza extrema y la violencia de diferentes tipos.
Todos los días leemos en los diarios y escuchamos en el radio o en la televisión, noticias acerca de las guerras en diversas partes del mundo que acaban con poblaciones enteras; acerca de la lucha para obtener o mantener un derecho; sobre la violencia en las ciudades; sobre las miles de personas que mueren por falta de alimentos. Estas noticias, de una u otra manera nos están indicando el grado de violencia que nos rodea.
Probablemente hemos sido testigos de algún tipo de violencia muy cerca de nosotros, en nuestra comunidad o barrio, ya sea entre personas, familias o grupos, por diversas causas, como robos, peleas por alguna pertenencia, terreno o territorio, o simplemente una discusión que de pronto se vuelve incontrolable.
Tal vez también hemos estado en alguna situación como víctimas de la violencia, por ejemplo cuando nos han gritado, insultado, amenazado o golpeado; o bien, hemos sido nosotros los violentos cuando le gritamos a otra persona, la insultamos, la amenazamos o la golpeamos.
Se distinguen seis tipos básicos de maltrato infantil:
– el abuso físico,
– el abuso sexual,
– el maltrato emocional,
– el abandono físico,
– el abandono emocional,
maltrato institucional.
Gritos, insultos y amenazas de golpes o castigos. Es violencia verbal. Indiferencia, amenazas de separación o abandono, de causar daño a los hijos o seres queridos, actitudes de desprecio, limitación del gasto para cubrir las necesidades más elementales, ofensas acerca del cuerpo y humillaciones. Es violencia psicológica o emocional. Abuso o acoso sexual, es decir, desde tocamientos, miradas, caricias que quien recibe no desea; continuas insinuaciones o peticiones sexuales, hasta violación o sea la consumación del acto sexual por la fuerza. Es violencia sexual.
Factores que promueven el maltrato:
Modelo autoritario en el que se entiende al respeto en una sola dirección.
Tratamiento de los hijos como propiedad privada.
Notable verticalidad y rigidez en la estructura familiar.
Uso de castigos físicos como método educativo.
Ausencia de recursos alternativos para promover conductas positivas.
Carente autocontrol en los padres en respuesta a los conflictos.
Impacto
Las situaciones de maltrato lo que revelan es una grave disfunción relacional que por lo tanto afectará al normal desenvolvimiento del cumplimiento de tareas del menor. Este fracaso en la ejecución de las metas del menor sería, en sentido amplio, el impacto del maltrato y es lo que se viene a significar cuando en las definiciones de maltrato se señala que éste amenaza el desarrollo de la competencia del niño o el desarrollo físico, psicológico y emocional considerado como normal para el niño.
El impacto del maltrato o abuso, al ser un fenómeno contextualizado, puede verse amortiguado, según múltiples variables: no sólo las más obvias, relacionadas con el tipo, duración o intensidad del maltrato, sino también con las características de la víctima, los recursos y apoyos que tenga, y las propias situaciones de su evolución vital. Según el artículo (2003). “Basta de indiferencia: maltrato infantil”, el abuso infantil es un conflicto del cual, hay muchas polémicas con respecto al niño; ya que el mismo puede tener muchos problemas durante su desarrollo personal.
Independientemente de las secuelas físicas que desencadena directamente la agresión producida por el abuso físico o sexual, todos los tipos de maltrato infantil dan lugar a trastornos conductuales, emocionales y sociales. La importancia, severidad y cronicidad de estas secuelas depende de:
– Intensidad y frecuencia del maltrato.
– Características del niño (edad, sexo, susceptibilidad, temperamento, habilidades sociales, etc).
– El uso o no de la violencia física.
– Relación del niño con el agresor.
– Apoyo intra-familiar a la víctima infantil.
– Acceso y competencia de los servicios de ayuda médica, psicológica y social.
En los primeros momentos del desarrollo evolutivo se observan repercusiones negativas en las capacidades relacionales de apego y en la autoestima del niño. Así como pesadillas y problemas del sueño, cambios de hábitos de comida, pérdidas del control de esfínteres, deficiencias psicomotoras, trastornos psicosomáticos.

En escolares y adolescentes encontramos: fugas del hogar, conductas autolesivas, hiperactividad o aislamiento, bajo rendimiento académico, deficiencias intelectuales, fracaso escolar, trastorno disociativo de identidad, delincuencia juvenil, consumo de drogas y alcohol, miedo generalizado, depresión, rechazo al propio cuerpo, culpa y vergüenza, agresividad, problemas de relación interpersonal.

Más allá de las consecuencias en el plano meramente psicológico, una investigación norteamericana ha apuntado que el castigo físico puede provocar alteraciones a nivel cerebral. Según este estudio, cuando los niños están sometidos a la violencia más allá de los cinco años de vida, tienen un Coeficiente Intelectual más bajo que sus coetáneos, lo cual se debe a una disminución de la materia gris en las zonas del área prefontal del cerebro .

Diversos estudios señalan además que el maltrato continúa de una generación a la siguiente. De forma que un niño maltratado tiene alto riesgo de ser perpetuador de maltrato en la etapa adulta.
Consideraciones bíblicas:
En el libro Proverbios se identifican ideas que desarrollan conceptos ligados a los recursos de crianza y enseñanza y se evidencia su clara inclinación hacia la práctica del maltrato con la finalidad de producir cambios conductuales:
-La necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina lo corrige.
– El látigo es para los caballos, el freno para los asnos, y el garrote para la espalda del necio.
– Los golpes y las heridas curan la maldad; los azotes purgan lo más íntimo del ser.
Solá expresa que una mirada a la historia de la Biblia desvela que estos métodos por sí mismos no hicieron nunca una sociedad mejor y más ajustada a la voluntad de Dios. Más adelante, en el Nuevo Testamento se manifiesta un cambio de actitud respecto a las relaciones humanas:

Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho esto es la ley y los profetas.

Biografía

Arruabarrena, Mª Ignacia y Joaquín de Paúl, Maltrato a los niños en la familia. Evaluación y tratamiento, Ediciones Pirámide.
Maria, J. & Sumalla, T. (2002). La protección penal del menor frente al abuso y explotación sexual: análisis de las reformas penales en materia de abusos sexuales, prostitución y pornografía de menores: Editorial Aranzadi.

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